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 Tentando a la suerte{Demetri}

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AutorMensaje
Heidi A. Cullen

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MensajeTema: Tentando a la suerte{Demetri}   Vie Jul 09, 2010 5:23 pm

Solo a mí se me pasaría una idea así por la cabeza en un momento de puro aburrimiento. Y esque, no encontraba nada divertido que hacer por los alrededores. Lo único que mis, ahora dorados, ojos veían, era un pequeño pueblo que tenía contado sus habitantes, rodeado de un bosque de inmensos árboles, tan verdes, que parecían irreales y...nada más. No parece el mejor plan para pasar el fin de semana,¿verdad?. Pues yo, tenía que vivir allí día sí y día también. Adaptándome a aquella nueva vida en la que yo solita me había metido -más que nada porque podía haberme ido en cualquier momento y, sin embargo, no lo hice-. Se aceptaba a duras penas aquella amargura, acostumbrada a traer humanos para que los demás comieran...ahora me dedicaba a cazar en grupo animalillos del bosque, como si fueramos leones. Aunque, en cierto modo, eso era lo que éramos...o al menos dichos animales no se distanciaban tanto de nosotros en cuanto a limentación se refiere.

Mi mente trabajaba a mil por hora, haciéndose la pregunta del millon,¿era esto lo que realmente buscaba,una vida alejada de todo en lo que me había críado, podría cambiar como todos los Cullen esperaban o simplemente era una vana ilusión en sus mentes?. Esperaba que todas aquellas encrucijadas en las que mi mente se veía envuelta, pronto tuvieran la solución perfecta. A pesar de saber perfectamente que, posiblemente algunas no la tuvieran nunca -cosa que me frustraba bastante, por otra parte-. Y quise quitarme aquellos pensamientos de encima, al menos por unos instantes...pensar en otras cosas, en lo bien que realmente se estaba rodeado de aquella gente, que fue realmente hospitalaria con aquellos que un día buscaron su final. Para ello, me alejé de casa, caminando entre las, siempre resbaladizas y húmedas, calles de Forks. Evitando cualquier encontronazo con algún humano, pues no sabía hasta que punto era capaz de controlarme estando completamente sola con ellos.

Pero era imposible no olerlos, no oirlos o no sentirles a cada paso que dabas. Impregnado en el aire, se encontraba aquel olor dulzon que hacía que mi garganta quemara. ¿La solución?, irme cuanto antes del pueblo. Era lo más sencillo, adentrarse en el bosque, cazar algún animalillo y pasear por allí, donde ningún humano se atrevería a entrar -el caso es que entraban también, pero en menor medida-. Dejé que mis pasos me guiaran hasta adentrarme en el bosque y, una vez mis pies pisaron aquella hierba tremendamente verde en toda su extensión, comencé mi carrera. Esquivando y trepando árboles, atendiendo a lo que mis sentidos eran capaces de percibir. Con tan solo unos instantes, ya me encontraba en el puro corazón del bosque, donde la luz del sol pasaba a duras penas a través de las abundantes copas de los árboles. Allí, todo estaba en silencio, interrumpido por momentos por el cantar de los pájaros que pudiera haber o, de los animales que corrían, sin saber el peligro que eso conllevaba, cerca de mí.

Por todo aquello, pude cazar un pequeño lobo...un simple y llano lobo, nada del otro mundo, pero me sirvió para saciar un poco aquella sed causada por los habitantes de Forks. Instantes después, me encontraba caminando tranquilamente por el bosque...pero, un claro en él, sin árboles que dejaban pasar completamente la claridad del poco sol que había, llamó mi atención y me paré en seco. Respiré, pues había dejado de respirar hacia ya bastante tiempo, inhalando el asqueroso olor a perro que se había extendido en el ambiente. Cosa que significaba que, o bien me había pasado de la raya o estaba justo en los límites. Era lo más normal, encontrarse en los límites si no tenía por seguro que una manada de lobos fieros me hubieran arrancada ya la cabeza de un bocado. PEro como a mí me iba la marcha y la tensión, me senté justo en el lugar donde me había parado, justo en el medio de aquel claro extraño.

Terminé por tumbarme, mirando al cielo y dejando que la suave brisa que se levantaba precisamente en ese lugar, meciera mis cabellos rojizos a sus anchas. Por supuesto, dejé de respirar nuevamente. Aquello, realmente resultaba relajante.
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Demetri R. Cullen

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MensajeTema: Re: Tentando a la suerte{Demetri}   Vie Jul 09, 2010 6:59 pm

Tenía la cabeza como un bombo. Sí, como leéis, y nunca mejor dicho. Llevaba varios días sin poder tomar sangre a mis anchas, sin poder saciar aquella continua locura que era la abstinencia. Recordaba, perfectamente, mis días en el territorio Vulturi. Aquellos días en los cuales a mis amos les resultaba indiferente el hecho de que saliese a cazar cuando me diese la gana. O simplemente el aprovechar, en alguna misión, calmar aquella continua sed con algún humano que me encontrase por el camino. Ahora los echaba de menos. A decir verdad, lo único que echaba de menos de aquellos ya lejanos tiempos. Hoy en día, desde mi estancia en la casa de los Cullen, había tenido que aprender a aguantarme el deseo de querer alimentarme cuando me diese la gana. Sí, porque al parecer a “mi nueva familia” no le parecía gratificante que me dedicase a alimentarme de seres humanos. Pero me daba igual. No iba a consentir que individuos como ellos limitasen mi dieta.

Los humanos me gustaban, me agradaban y, por encima de todo, conseguían saciar la parte animal que reposaba en mi interior. Cada gesto que hacían me resultaba interesante y, sobretodo , creaban la diversión que yo tanto ansiaba y necesitaba. Era increíble perseguir a alguno de aquellos seres, notar el miedo que corría por sus latentes venas y observar en sus ojos la muerte cuando te avalanzabas contra ellos. Era hermoso ver como se aferraban a la vida cuando tus dientes se anclaban en su cuello y resultaba lujurioso beber aquellos continuos brotes de sangre. Aquella sangre que caía, derramándose, por tu garganta y clamaba con vítores la excitación de tu propio cuerpo. Sí, la sangre humana para mí, era el mayor climax que te podías encontrar. Era el máximo placer conocido. Volvería a entregar mi alma al diablo por una simple gota de aquella apetitosa bebida. No lo dudaba. Era un vampiro, un buen vampiro y era por ello que me encontraba orgulloso al pensar en aquel tipo de cosas. Pensar que aún seguía fiel a mis principios.
Sin embargo, no duré demasiado pensando en este hecho. No podía, pues ya iba a pasar un día más en el cual no había conseguido una buena pieza para deleitarme y sabía que como siguiese por aquel camino, terminaría por volverme loco.

Pensé en otra cosa. Varias opciones pasaron por mi mente, pero solo una de ellas me resultó lo bastante atrayente como para realizarla: Reunirme con Heidi.
Habían pasado varias horas –por no decir más de ocho- y no había visto rastro de la joven pelirroja. No me preocupaba, pues Heidi era bastante independiente y siempre solía hacer lo que le daba la gana. En eso no había cambiado nuestra relación, sin embargo, yo necesitaba verla. Sí, lo sé, pensaréis que soy un simple romántico que no puede vivir apartado de la mujer a la que quiere ni siquiera por un día, pero no. No era por ello. Yo no necesitaba pasarme eternas horas para saber que Heidi me quería. Más bien necesitaba verla porque me preocupaba que andase sola. Era inevitable el pensar que podría encontrarse en peligro y no fuese capaz de defenderse. Supongo que era preocupación de amante. ¿Quién sabe?

Decidí salir de la casa de los Cullen tras haberla buscado por toda ésta. La mansión era enorme y había conseguido agobiarme debido a las constantes habitaciones que se situaban en ella. No sé cómo me las arreglaba, pero había conseguido confundirme de habitación más de una vez. Era agotador.
Me moví con rapidez, adentrándome en el bosque. Cualquier vampiro tendría que haberse quedado en casa esperando a que su amada regresase, sin embargo, mi don me permitía encontrar a cualquier ser que se encontrase sobre la faz de la tierra. Era un don, a simple vista, poco atractivo pero realmente infalible.

No tardé demasiado en aproximarme a las tierras donde Heidi se hallaba. Realmente desagradables, pues en el ambiente no se hacía otra cosa más que respirar un intenso olor a lobo. No entendía porqué mi pelirroja se encontraba allí, echada en medio del prado y sin mostrar ningún signo de que aquel constante aroma le resultase molesto. Era sorprendente, pues yo acababa de llegar y me estaba resultando demasiado vomitivo.
Con sutileza me dejé caer del árbol en el que me había detenido y comencé a dirigirme hacia la muchacha. Posiblemente ella ya se hubiese percatado de mi presencia simplemente por el hecho de que debía ser lo más apetecible que podía encontrar en aquel lugar. ¿Qué demonios?, claro que lo era.
Finalmente, me situé delante de ella. Mi mirada se deslizó hacia su cuerpo –en concreto la zona abdominal- y seguidamente fue moviéndose hasta terminar posada en su rostro. Un rostro angelical que podía llegar a convertirse en tu peor pesadilla.

-¿Qué haces aquí? –pregunté, tuteándola como siempre, y dejando escapar una voz seria, firme. No la estaba riñendo, no, tan solo estaba mostrando mi preocupación de la mejor manera que sabía. ¿Tan raro era?
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Heidi A. Cullen

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MensajeTema: Re: Tentando a la suerte{Demetri}   Sáb Jul 10, 2010 7:06 am

Silencio total, un silencio que podía resultar tenebroso...de esos de películas de miedo en los cuales los malos atacaban a la débil y estúpida chica que se había adentrado sola en el bosque -nunca me había parecido que aquellas películas tuvieran sentido alguno-,con la diferencia de que yo, era el monstruo en esta ocasión. La que quitaba la vida a los demás para mantener la mía, sin importar quiénes eran o qué hacían en la vida. Tampoco lo veía tan malo, después de todo solo hacíamos lo que nuestros instintos como raza nos dictaban. ¿O acaso los humanos desisten de comer animales?, cierto es que los hay vegetarianos, que solo comen verduras, comparables a nosotros en ciertos aspectos. No obstante, por regla general eso no suele ocurrir...¿por qué ellos tenían total libertad de hacer lo que les daba la gana y yo no podía incar el diente a un humano...?. Mi plan de pensar en otra cosa que no fuera esa, se estaba iendo al mismísimo garete. Parecía que ningún otro pensamiento rondaba mi mente, aquel asqueroso pensamiento que quebraba mi cabeza y que me hacía dudar sobre mi voluntad. ¿Por qué?,¿no solía ser yo segura de mí misma?,¿dónde había dejado esa confianza que siempre había depositado en mis decisiones?. Al parecer, todo eso desparecía por momentos.

Me alarmé, tensando los musculos de mi cuerpo, nada más sentir moviemiento a mi alrededor. Movimientos que no correspondían exactamente a un animal salvaje...o sí. Inhalé un poco de aire, esperando encontrar la respuesta a mi incógnita. Fue entonces, cuando volví a relajarme, los músculos que antes habían estado preparados para saltar en cualquier momento, descansaron totalmente. Ya no me preocupaba, sabía quien era el causante de aquel pequeño susto interno que me había llevado. Estaba demasiado acostumbrada a reaccionar violentamente hacia aquella clase sensaciones, las que me transmitían que alguien o algo me rondaba de forma clandestina, escondido y tratando de pasar desapercibido. No me moví ni un ápice de mi posición, él vendría, estaba segura de eso. A la derecha de mi posición, un pequeño conejo llamó mi atención, haciendo que girara la cabeza hacia dicho lugar, quedando mi mirada a ras del suelo. Abrí mucho los ojos durante un instante, pareciendo que en cualquier momento le iba a saltar a aquel bicho. No obstante, no lo hice.

Su voz, seria y firma, me hizo desviar mi mirada. Allí estaba Demetri, mirándome con...¿preocupación era lo que alcanzaba a descifrar en sus ojos?, era curioso. No pensaba decirle nada acerca de eso, no guera a ser que sientiera que había pisoteado su orgullo o algo por el estilo. Demetri podía llegar a ser tan orgulloso...en los momentos en los que su faceta de "yo soy el mejor y nadie puede conmigo" salía a luz, prefería callarme, no decir nada y hacer como la que escuchaba. Nunca tenía ganas de pelear con él sobre esos temas vanales que a ningún sitio llevaban, por lo cual, esa era la mejor solución. En menos de un segundo, ya me encontraba de pie, justo frente a él.-Casualidades de la vida.-me hubiera encogido de hombros, indicando que el lugar en el que me encontraba era lo menos importante a detallar, pero no lo hice. Pensé que con el simple tono de mi voz, el entendería el concepto. O eso era, al menos, lo que esperaba.

-¿Y tú qué, acaso me vigilas?.-arqueé una ceja sin poder evitarlo. La pregunta sonaba en broma...pero me preguntaba a mí misma hasta que punto se lo había dicho en serio. No es que me importara que él me siguiera, me vigilara o hiciera lo que le diera la gana, pero era bueno saber esas cosas. Como tonta, dejé caer el poco peso de mi cuerpo sobre una de mis piernas, tal como haría todo un humano. Solo que con él, no tenía que hacer ese tipo de cosas...no podía negar que aquella posición era cómoda. Por último, me crucé de brazos ladeando la cabeza. Pendiente de las facciones de Demetri, mirando sus ojos que seguían de aquel color carmesí tan intenso.
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Demetri R. Cullen

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MensajeTema: Re: Tentando a la suerte{Demetri}   Sáb Jul 10, 2010 8:25 am

Lo supuse. ¿Cómo no?. La joven pelirroja siempre había hecho lo que le daba la gana. Era de aquellas personas que vivían la vida a cada instante; en este caso la eternidad. Era de aquellas que si decidía ponerse a recorrer el mundo, no esperaría ni un instante para hacerlo. Ella era así, libre de elegir lo que quería en ese momento. Siempre. Sin embargo, ultimamente, muchas de las cosas que Heidi había hecho en un pasado, los Cullen las habían restringido. Aquello la envenenada por dentro, lo sabía. Conocía a mi pareja lo bastante como para, por lo menos, llegar a comprenderla.
No olvidemos que los Cullen siempre se habían proclamado vampiros vegetarianos. Vampiros que habían dejado de lado sus principios salvajes y se habían dedicado a humanizarse con el simple objetivo de “poseer” un hueco en la sociedad.
En un pasado, Heidi hubiese perdido un par de días para centrarse en traer humanos para nuestra propia alimentación. Personas, a decir verdad, que portaban una sangre deliciosa y gustosa de llevar a la boca. Por el contrario, hoy en día, Heidi ya no era lo que era. Tomaba animaluchos, se dedicaba a perseguir ciervos y demás bichos de aquel estilo.
Yo, como era de esperar, no lo entendía. ¿Por qué teníamos que limitarnos a hacer caso a los Cullen?, que ellos tomasen sangre de conejos no tenía porqué afectar a nuestros platos. Era odioso pensar en ello, pues a diferencia de mis compañeros, yo era uno de los pocos que había decidido seguir arrebatando la vida a humanos para alimentarme. Los Cullen lo sabían y aunque parecía que no estaban en demasiado acuerdo, tampoco me decían nada. Por lo menos no por el momento. Y aunque me lo dijesen… tampoco iba a cambiar mi forma de pensar por el simple hecho de que ahora ellos fuesen “Los Reyes”.

Mis amigos y compañeros estaban sedientos de sangre humana. Era comprensible. Y aunque yo, por todos los métodos, intentaba hacerles entrar en razón; estos se rendían y seguían con su nuevo estilo de vida. Alec también había formado a pasar parte del grupito de los vegetarianos y, como consecuencia, me había afectado notablemente aquel repentino cambio. Antiguamente Alec y yo hubiésemos recorrido bosques italianos enteros con el objetivo de detectar algún cazador que nos sirviese de cena. Por el contrario, en aquellos tiempos que transcurrían, yo simplemente le acompañaba para que el muchacho pudiese zamparse algún que otro zorro o algo por el estilo. No era divertido ,a decir verdad. Los animales no tendían a sufrir tanto como los humanos. Bueno, mejor dicho… no tendían a excitarme tanto como los humanos. Ahora, por culpa de estas nuevas reglas implantadas por aquella familia de Forks, cazaba solo. Sin compañía. No me disgustaba, pero echaba de menos aquellas conversaciones junto a los miembros de mi clan. Ahg, sí, realmente añoraba el pasado.

Salí de mi pequeño trance, aquellos trances que siempre terminaban haciéndome parecer una especie de tonto, y coloqué mi mirada encima de la de Heidi. Sonreí seguidamente. Y es que aquella muchacha siempre tenía preguntas y respuestas para todo, pero to también. No olvidemos que era demasiado competitivo; incluso con la mujer a la que quería. Sí, lo admitía, mi ego lograba consumirme. Pero ya me había aceptado por cómo era.
-¿Mmm?, ¿vigilarte? –pregunté, levantando una ceja e intentando hacerme el despistado. Era increíble, pero la pelirroja era inteligente y hábil como una víbora. Quizás por eso me gustaba tanto.
- Qué va… “casualidades de la vida” –contesté, repitiendo las mismas palabras que ella había dicho en un principio. Seguidamente, sonreí bastante divertido y coloqué, con cuidado, mi mano encima del pelo de la chica. Lo acaricié como siempre, disfrutando de aquel tacto tan sedoso y limpio que éste presentaba.
De verdad os digo, que pelo como el de Heidi, no existía sobre el planeta. Lo sé, porque en un pasado –cuando aún era un simple humano-, había podido disfrutar del tacto de muchos cabellos femeninos. Siempre enredados entre mis manos cuando conseguía llevarme a sus portadoras a la cama. Pero ninguno se comparaba con el de la joven vampira. Imposible. Era único.
- ¿Te encuentras bien?, quizás… ¿tienes hambre? –pregunté de nuevo. Esta vez un tanto desconcertado, pues ahora, cuando clavaba mi mirada en sus ambarinos ojos, no podía notar si la chica se encontraba hambrienta o no. En ese aspecto, aún estaba demasiado perdido.

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Heidi A. Cullen

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MensajeTema: Re: Tentando a la suerte{Demetri}   Sáb Jul 10, 2010 11:40 am

Cada vez que lo miraba, conseguía ver al vampiro que era y que segiría siendo para el resto de su inortal vida. Lo conocía, sabía lo que su retorcida mente era capaz de pensar o de crear con tan solo unos segundos, como le gustaban aquellos tiempos diferentes para todos nosotros. En los cuales, el sadismo estaban a la orden del día. Yo, nunca me había quejado de eso, pues, yo no era menos asesina y sangrienta que él o cualquiera de lo demás. Pero él, parecía no estar dispuesto a abandonar toda aquella vida, aguardando con ansias que todos cambiáramos de parecer algún día cercano. Sus intentos por hacernos "entrar en razón", no parecían dar resultados con nadie. Ni tan si quiera conmigo, que solo intentaba probar nuevas formas de vida. Cosa que no significaba que no añorara lo que yo era antes, cazar, esa era mi especialidad. Nunca me resultó difícil de realizar aquella tarea, es más, a veces me parecía aburrida, sosa y sin "chicha", por lo que acostumbraba a animar las situaciones. Pero siempre acababa llevando grandes bandadas de personas al inmenso castillo donde solíamos vivir.

Fruncí el ceño, quitando la absurda postura de la cual me había adueñado -se entiende que adopté una posición normal-. ¿Dudando, Demetri?, seguro que me daría una constestación que no me sacaría de ninguna duda sobre la pregunta...o sí. Según su tipo de tono, gestos y contestaciones me sería fácil adivinar si me vigilaba o no. Muchas veces averiguar ese tipo de cosas me era imposible, pues solían ser más cuidadosos a la hora de hablar conmigo...eso era lo malo de que te conocieran. Como bien dicen "la confianza da asco". Y una vez más, el ego de mi atractivo vampiro quedó al descubierto. ¿Repitiéndome?, bueno me había quedado clara una idea, no quería contestar a mi pregunta. No obstante, dudaba que el dueño de la roja mirada me vigilara. Demetri no era de esa clase de personas, al menos no esa clase de amante...o eso era lo que yo verdaderamente pensaba o quería pensar.-Que agradable coincidencia pues.-una media sonrisa se dibujó en mi rostro cuando su mano se posó en mi rojiza cabellera.

Su pregunta, rompió un tanto mis esquemas, pues no me la esperaba. ¿Tanto se me notaba?, quizás se me notaba en mi aspecto físico, en mi rostro o en mis cansados movimientos. No tomar ni una gota de sangre humana cuando llevaba siglos haciéndolo, resultaba cansado. Mi cuerpo aun estaba adaptándose al brusco cambio. Se podría comparar con alguien que deja de fumar pero mucho, muchísimo peor. Demetri, ultimamente hacía esa pregunta inumerables veces, y yo, siempre le contestaba lo mismo, un simple no. No obstante, parecía que no surtía efecto o, yo no era demasiado convincente al decir aquello.-Siempre tengo hambre.-traté que mi voz sonara serena y sin preocupación, esperando haberlo conseguido. Cambié de contestación, quizás era hora de decirle la verdad, dejar que se preocupara si era lo que realmente quería. Tampoco era algo tan grave...para mí, resultaba mucho más duro que para él. Pensar en aquellos apetitosos humanos acorralados ante mí como ratas, en el miedo que reflejaban sus rostros al mirar mis ojos color rojo sangre que, cambiaban a un color más oscuro al oler su sangre en el aire. Tener muy presente el latido de sus corazones, los cuales aceleraban su ritmo cardiáco. Haciendo que aun más sangre recorriera los endebles cuerpos de los seres que me daban su vida.-¿Por qué piensas si no que estoy en un lugar al que apesta a licántropo?, igual así se me quita el hambre.-era una idea absurda, dado que estaba allí por puras casualidaddes de la vida. Pero así le daría una respuesta a su anterior pregunta.

Aquellos recuerdo, solo provocaron que mis ojos cambiaran de tonalidad, a un color casi negro, los ojos del cazador que había estado dentro de mí hacía mucho tiempo. Pero tenía que controlarme, si quería mantenerme en la decisión que había tomado. Era más bien una cuestion de principios propios los que me llevaban a realizar aquel sacrificio. No quería decepcionarma a mí misma, hacer que mi confianza terminara en cero y arrepentirme de haber intentado algo que era imposible. No había nada imposible para mí, o al menos eso quería yo pensar. Si hubiera abierto la boca, mis colmillos hubieran sido visibles, pues nunca había tenido tanta hambre como en aquel momento.-Cambia de tema.-no quería que sonara a súplica, pero casi lo fue. Tenía que soportar aquello.
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Demetri R. Cullen

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MensajeTema: Re: Tentando a la suerte{Demetri}   Sáb Jul 10, 2010 12:34 pm

¿Sinceramente?, estaba empezando a molestarme. Estaba cansado de todo aquello. De los Cullen, de la agobiante manía que tenían por hacernos cambiar y de todo lo relacionado con aquel jodido pueblo de Forks. Totalmente agotado por mi nueva vida. Pero sobretodo por el completo lavado de cerebro que habían realizado los “Nuevos Reyes” a mis compañeros; a mis amigos. No deseaba aceptarlo, pero ya no eran los mismos. Y no, no estoy exagerando pues era la pura realidad. Los antiguos Volturi habían muerto. Incluyéndome a mí, que ya no mostraba las mismas ganas de rebelión que en un principio. Agh, odiaba pensar que mi personalidad estaba cayendo en la más profunda sumisión cuando –desde siempre- me había dedicado a hacer lo que me diese la completa gana.
Bufé. ¿Qué otra cosa más podía hacer?, mi enojo aumentaba por momentos. Sobretodo cuando hablaba con Heidi. Y es que las palabras que estaba soltando en aquellos instantes lograban alterarme. Más que nada porque eran puras patrañas y mentiras; y este tipo de cosas, sinceramente, jamás las había conseguido aceptar. El engaño era lo más despreciable que podía existir para mí y mucha gente en el pasado lo comprendió cuando me traicionaron y se encontraron con el filo de mi espada en su garganta. Sí, lo admito, siempre fui un tanto sanguinario y cruel. Pero siempre directo y sincero. De eso sí que podía decir que me sentía orgulloso.

Finalmente me aparté de ella. Solté sus suaves cabellos rojizos y llevé esa misma mano a mi pelo. Lo revolví con cierta desesperación debido al fuerte pronto que estaba comenzando a aflorar en mi interior y seguidamente golpeé mi cintura con ésta, quedando con la mano apoyada en mi propio cuerpo y con la mirada fija en el suelo. Mirando sin mirar. Perdiéndome en mis propios pensamientos –algo bastante habitual en mí en aquellos últimos años-.
Me mantuve así durante un par de segundos, sin saber como reaccionar ya a todos aquellos acontecimientos que estaban ocurriendo. No lo comprendía, ¿cómo había cambiado mi vida en tan poco tiempo? Y, lo peor de todo, ¿cómo es que había cambiado tan para mal?
Me reí. No pude evitarlo. Comencé a carcajearme, dejando que aquella imparable risa inundase todo el perímetro en el que estábamos situados. Si no fuese que Heidi era la única presente en aquel lugar, los seres que allí se podrían haber encontrado pensarían que estaba loco. Aunque quizás lo estaba, después de todo… ya habían pasado más de 4 siglos de vida para mí. ¿Quién dice que en una eternidad un vampiro no puede enloquecer?, quizás había llegado mi hora.
Volteé a mirarle de nuevo. Posé mis ojos en los de ella y comprobé lo sedienta que estaba. ¿Por qué fingía encontrarse bien cuando no era cierto?, ¡aquello me molestaba!, ¿acaso no se enteraba?.
Negué con la cabeza, coloqué mis dos manos en mi rostro y las pasé por él con la intención de intentar tranquilizarme. Estaba empezando a desbordar y no deseaba pagar mi enfado con la muchacha. Aunque se lo merecía. Sí, claro que se lo merecía. Era culpa suya que yo aún siguiese soportando las reglas de los Cullen. Si no fuese por ella, si no fuese por el cariño que le tenía a aquella pelirroja, ya hubiese regresado a Volterra con la intención de obedecer a el que siempre fue mi verdadero amo y señor: Aro.
Sin embargo allí me encontraba, como un imbécil. Aguantando día tras día por ella. Tsk, si aquello no era amor… es que verdaderamente era un gilipollas. Sí, con todas sus letras.

-¿Qué cambie de tema? –pregunté, negando con la cabeza, para finalmente acercarme a ella y señalarle con dos dedos; dejándolos colocados a la altura de los ojos de ella.
- Heidi… ¿por qué no me acompañas mañana a cazar? –pregunté de nuevo, acercándome a ella de nuevo para poder agarrarle –con cierta fuerza- de ambos brazos y acercarla hacia mí.
- Llevo días hambriento, acompáñame y saciémonos –le ordené. Ya estaba empezando a agobiarme por el hecho de que la gente no me tomase en serio.
La idea que tenía en mente, para ser más exactos, era la de que llevarla conmigo con el objetivo de que la sangre humana inundase sus fosas nasales y le hiciese hervir de deseo por ésta. Heidi era fuerte, lo tenía bien claro, pero la sangre humana siempre había sido su mayor debilidad. Al igual que la de la mayoría de los vampiros.
Posiblemente aquella sería una de las pocas posibilidades que me quedasen para hacerle entrar en razón, pues tenía bien claro que si mi futuro iba a seguir siendo así de negro, abandonaría Forks. Les traicionaría, sí, me comportaría como el hombre egoísta que era. No me importaba con tal de liberarme
.
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Heidi A. Cullen

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MensajeTema: Re: Tentando a la suerte{Demetri}   Sáb Jul 10, 2010 1:50 pm

Rodé los ojos al oir su bufido. Solo significaba una cosa, estaba enfadado. Estupendo, lo que me faltaba, el vampiro orgulloso enfadado. Solo esperaba que no estallara en una cólera desenfrenada, de esas que le daband e vez en cuando y en la que yo saldría perdiendo de seguro. No es que fuera una padguata, pero siempre me pasaba lo mismo. Posiblemente porque la gran mayoría de las veces él tenía razon, dejándome completamente sin armas con las que "atacar". Aquello, conseguía frustarme, no me gustaba quedar en segundo plano. Sobre todo cuando era yo la que tenía que llevar el control de la situación. Con él, era todo el tiempo al contrario...creo que yo misma metía la pata demasiado. Podía no aguantar aquello perfectamente, alejarme de todos ellos...pero él tiraba de mí más que cualquier deseo de poder hacer mi vida en solitario sin ningún problema más que preocuparme de mí misma. ¿Cómo se expulsaba todo eso al exterior sin gritar a los cuatro vientos?...pues yo encontré mi particular método de hacerlo...aunque no servía de nada. Suspiré, de frustración y desorden mental, no porque verdaderamente necesitara hacer eso.

Él y su mano se apartaron de mí, haciendo aquel gesto que me confirmaba lo que yo ya pensaba. Realmente lo conocía mejor de lo que yo creía. ¿Tanto le molestaba que tratara de hacer una vida nueva?,¿añoraba tanto la vida que le habían quitado?...¿por qué estab allí si no?. Mi mirada se perdió en un punto indefinido, quizás entre una hoja de hierba y una hormiga que pasaba por allí. Sonaba cómico el hecho de que me hubiera parado a mirar a un bichin así en el momento aquel. Sentí que la tensión, en cualquier momento, acabaría destrozando los nervios de Demetri. Un golpe volvió a llamr mi atención, posando mi mirada en él. No sabía qué era exactamente lo que había hecho, pero estaba totalmente perdido, como si algo ocupara su mente. No prestaba atención a nada y su mirada estaba totalmente perdida. Hubiera dado cualquier cosa por saber qué era lo que estaba pensando. Siendo como él era, me podía haber limitado a preguntar...seguramene me lo diría sin tapujos. Pero no lo hice, quizás por no aprovecharme de la situación y de él, todos necesitamos intimidad después de todo.

Me limité observarle, ahora también estaba desesperado. Sus manos se posaron en su rostro, pasándolas por el mismo. ¿Debía decir algo?, yo no era de las mejores en esas cosas...estaba claro. Él y yo, no éramos la pareja modelo que digamos. Éramos bastante parecido en algunos aaspectos que chocaban mucho, quizás ese era nuestro mayor problema. Sin duda alguna, teníamos una curiosa forma de querer, nada parecida a la de los demás. Por fin pareció hablar,levanté la cabeza porque me había quedado de nuevo mirando a la nada. ¿Me estaba señalando?, pestañeé varias veces con cierta incredulidad, preguntándome qué era lo que realmente buscaba con aquello. Tras su sengunda pregunta -la cual me dejó bastante pensativa-, me agarró de los brazos y yo, no opuse ninguna resistencia.

Crucé mi mirada con la de él. Quería sentirme así, saciada totalmente por vez primera en todo el tiempo que llevaba aguantando. Aunque no lo quisiera admitir la abstinencia causaba serios problemas en mí. Seguía siendo rápida y fuerte, no obstante bastante menos que cuando la sangre humana recorría mi garganta con frecuencia. Miré hacia otro lado un instante. Aquella idea rondaba mi mente, la batalla entre ir o no tenía lugar en mi interior. Iba ganando, claramente, la de ir con él y hacer lo que decía. La decisión que tomé, posiblemente no era la más acertada o lógica en terminos generales...para mí, sin embargo, lo era.-De acuerdo.-¿de acuerdo?, ?no se te ha ocurrido nada mejor que decir Heidi...?. Sacudí la cabeza, percatándome de lo que acababa de decir. Se lo debía, se lo debía a Demetri... él no deseaba estar allí...en ese momento me di cuenta de que era lo que estaba haciendo y el por qué estaba allí. No di a entender nada, simplemente me limité a quedar en acuerdo con él...no me gustaba ser la mala de la película y mucho menos egoista. Y esta vez, lo estaba siendo...

Después de aquello, seguramente no querría volver a dejar aquella vida, lo sabía. Me arrastraría a mi vida de sádica asesina otra vez.Lo peor de todo aquello, era que la idea me gustaba y la ansiaba de veras. ¿Y si él llevaba razón y yo me estaba equivocando por completo?...como siempre. Mi mente se quedó completamente en blanco, no sabía qué más decirle. Otra vez había ocurrido.

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Tentando a la suerte{Demetri}
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